Hubo un momento en el que la música de tu cuerpo me envolvía,
todo a mi alrededor olía a tu perfume, las paredes, las sábanas,
las velas que parecían esconderse en nuestras sombras.
Sombras que danzaban con el ritmo lento de mi respiración,
con el ritmo de mis ansias de tenerte cerca.
En mi boca aún tengo el dulce sabor del néctar de tu cuerpo,
un poco de miel, un poco de luz.
Mis dedos aún pueden sentirte, aún tocan tu piel.
Mis labios extrañan la humedad de tu ser,
el sabor de tu sexo, tu olor, ese olor que me hacia pensarte,
que me volvía un frenético buscador de tus noches.
Si, me haces falta, mi cuerpo, mi cama,
las paredes me lo recuerdan cada noche,
y grito... Fuerte, muy fuerte, se que me escuchas,
se que tus mejillas se encienden cuando llega a ti mi lamento,
pero no puedes hacer nada, sólo quedarte quieta, muy quieta,
mientras mi voz te acaricia.
Muero lentamente y aún te espero,
Con música de fondo, con la noche y sus sombras como mi única compañía,
con la calidez de mi cuerpo desnudo.
Te espero en esta noche llena de erotismo,
para seducir tu recuerdo, para fragmentar tus pensamientos,
para jugar con la voluptuosidad de tu imaginación,
para que no se empañe el recuerdo a causa de tu ausencia.
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