jueves, 27 de noviembre de 2014

Carta de despedida

Se que no me escuchas, si quiera imaginas que cada noche estoy de pie junto a tu cama, observándote, cuidándote, amada mía. 
Este es mi corazón, pero no puedes ver como sangra, sintiendo como se le escapa la vida, sintiéndome golpeado por ti; lluvia cae sobre mi cuerpo, me ahogo en un llanto invisible para ti, no puedo decir palabras de amor y se que no estaré bien, ya no más y eso no es justo. 
Pero siempre te voy a amar, hasta el final de mis días, amada mía hoy se que mis dedos jamás correrán por el profundo negro tu cabellera, que ya no podré tocar tus labios de terciopelo, ni si quiera estaré cerca de ti sintiendo tu piel en el húmedo silencio que me consume. 
Cubreme con la suave tierra de tu cuerpo, con el aroma embravecido de tus senos, del remoto sitio indefenso. 
Que dulce la geografía de tu cuerpo, el blando ocio de tu vientre; que estupor ascender, despacio, con manos de niebla. Y me detengo un rato, me abismo, indago, esos labios que valen lo que dan a cambio, besos, promesas. 
Que maravilla es entrar al laberinto de tus ojos y salir indemne. Pero eso no basta; quiero entrar en ti y mirarnos una vez más, y por última vez ser uno, gota de luz o sangre o llanto, o amor, como un destello absoluto, vivo, simultáneo, como un egoísmo que te reclama toda.
No entiendo este misterio, soy sólo un hombre. Tan sólo alcanzo a decirte que tu luz brillara más allá del tiempo, que todas estas palabras no tienen ningún precio y nadie las puede pagar.
Amanece, me tengo que ir, siempre vivirás en mi recuerdo, en mi vida. Escucha... Siempre estaré ahí, en algún lugar de tu memoria, esperándote... Por siempre.

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veracruz, veracruz, Mexico